El ictus o infarto cerebral es una patología cerebrovascular que cursa con la obstrucción o rotura de un vaso sanguíneo, comprometiendo el flujo hacia estructuras cerebrales e implicando su mal funcionamiento.
En España se producen cada año 120.000 nuevos casos y fallecen alrededor de 27.000 personas. Es la primera causa de mortalidad en la mujer, la tercera en el hombre y la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto. Algunos estudios, como los de la Sociedad Española de Neurología, estiman que esta cifra aumentará un 39 % en 2035.
Según el «Atlas Nacional del Ictus», el 59 % de los pacientes que han sufrido un ictus presentan problemas para realizar actividades de la vida diaria, un 62 % problemas para desplazarse, un 64 % dolor y malestar, y un 36 % perciben su estado de salud como muy malo.
Estos datos se condensan en un interés científico por encontrar nuevas herramientas para la rehabilitación de las secuelas del ictus: en 2019 se publicaron más de 21.000 estudios sobre esta patología. Y la introducción de las nuevas tecnologías en la neurorrehabilitación ha sido inmediata: numerosos centros de referencia han apostado por ellas con resultados prometedores en pacientes agudos y crónicos.
El propósito de este artículo es dar a conocer algunas de esas tecnologías que facilitan a los pacientes las actividades de la vida diaria, la readaptación a la marcha y, en definitiva, la calidad de vida.
Actividades de la vida diaria tras un ictus
Existen múltiples herramientas diseñadas para fomentar el ejercicio funcional del paciente con ictus, tanto en clínica como en domicilio. Un ejemplo claro es el exoesqueleto de mano.
Tener la mano libre para agarrar objetos y que un dispositivo facilite mecánicamente el movimiento de agarre o de pinza ha sido siempre un reto para ingenieros y clínicos, por la caprichosa trayectoria del pulgar oponible y por las limitaciones que imponen la espasticidad y el rango de movilidad funcional de la mano. Los exoesqueletos de mano actuales se adaptan a la mayoría de los escenarios y facilitan el aprendizaje motor mediante actuadores mecánicos.
Merecen mención otras tecnologías que no se consideran exoesqueletos pero se apoyan en conceptos neurofisiológicos para facilitar la función: los FES o dispositivos de electroestimulación funcional. Proyectan una corriente eléctrica controlada a un vientre muscular promoviendo su contracción y, por tanto, un movimiento específico de la mano: abrirla o cerrarla para agarrar un objeto. Se utilizan tanto como órtesis en la vida diaria como en clínica durante la rehabilitación.
Rehabilitación de la marcha tras un ictus
Cada vez son más conocidos los dispositivos robóticos cuyo propósito es reeducar la marcha. Tras un ictus, lo más adecuado es iniciar la marcha en cuanto sea posible.
Los exoesqueletos de marcha permiten facilitar el reaprendizaje motor de una forma repetitiva, intensiva y simétrica. Podemos diferenciar dos grandes grupos:
- Los exoesqueletos estáticos, que se valen de una cinta de marcha o un medio similar para realizar los pasos en el sitio.
- Los exoesqueletos de superficie u overground, que permiten caminar por habitaciones, pasillos y otras superficies sin seguir un raíl, personalizando las trayectorias durante la sesión.
Un ejemplo de exoesqueleto que reproduce la marcha más natural es el EksoNR de Ekso Bionics.
Dolor tras el ictus y nuevas tecnologías
El dolor tras un daño cerebral adquirido es un síntoma variable que aparece entre el 11 y el 55 % de los casos. Predominan el dolor de hombro, el asociado a la espasticidad, el dolor central post-ictus, la cefalea tensional y, de forma inespecífica, el dolor musculoesquelético general.
Sería osado abarcar aquí todas las causas, pero en muchos casos son inherentes a la ausencia de movilidad tras el ictus, además de las directamente relacionadas con la lesión cerebral.
Gracias a la investigación y al trabajo de divulgación multidisciplinar, hoy sabemos que el ejercicio es una herramienta clave en el manejo del dolor musculoesquelético. El movimiento activa áreas del cerebro relacionadas con la analgesia, y en muchos casos permite reducir la dosis farmacológica.
El papel de las nuevas tecnologías es facilitar el movimiento y su realización segura, permitiendo aumentar la intensidad y la repetición del ejercicio y, por tanto, potenciar la analgesia y los beneficios de un tratamiento de rehabilitación intensivo. Desde la perspectiva biomecánica, dispositivos que facilitan mecánicamente el movimiento y aportan ingravidez al miembro superior; desde la neurofisiológica, los dispositivos FES, que se valen de estímulos eléctricos controlados para ejecutar el movimiento repetitivo.



